EL PLAN GRANDE AL QUE PERTENECEMOS

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Espíritu Joven
Espíritu Joven
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NotaPublicado: 28 Ago 2015, 16:34
EL PLAN GRANDE AL QUE PERTENECEMOS

(Te advierto que este escrito es caótico y que no hay una respuesta clara al final, por si te quieres ahorrar de leerlo. Está escrito por una persona que se ha movido entre la fe ciega y la duda pero está dejando de dudar)


En mi opinión, y muy a pesar de mi mente racional, que no colabora conmigo en esta idea, cada día estoy más convencido de que además de realizarnos como personas, que aparenta ser el objeto u objetivo primordial de esta vida, tenemos que hacer, por el bien de los otros y por el nuestro propio, cosas que no somos capaces de llegar a entender.

Y parece ser que tampoco es necesario que las entendamos.

Sólo es necesario que las hagamos, porque forman parte de un plan que está por encima de nosotros, por encima de nuestra colaboración y por encima de nuestra oposición.

Mi mente, tan racional ella, me sugiere que deje de escribir de algo que no llega a comprender y con lo que, por supuesto, no está de acuerdo.

Su problema –que lo convierte en mío- es que no puede dar una explicación coherente que sea capaz de convencer lógicamente.

Lo que siento –escribo “siento”, y no “pienso”- es algo que no sería capaz de justificar de ningún modo explicable, algo en lo que mi mente no cree, así que… ¿Cómo lo voy a creer yo? (Pero, claro, escribo “yo” con minúscula, porque “Yo”, con mayúscula, es el que me anima a que crea en ello aunque mi mente no lo acepte)

Lo escribiré, pero ya ven que no puedo afirmarlo, confirmarlo, probarlo, ni justificarlo.

En muchas ocasiones me veo en asuntos que no comprendo, ni comprendo cuál mi misión en ese sitio en ese momento; me veo participando en situaciones en las que no me gustaría estar y, a veces, me encuentro escuchando historias que no me apetece escuchar o diciendo cosas que no sé de dónde salen.

Y lo que voy a escribir ahora no es una excusa, ni una chifladura de un “iluminado”, ni una auto-justificación para descargarme de una responsabilidad, ni una presunción.

Es un sentimiento profundo, casi indestructible –como digo, ni siquiera la racionalidad de la mente con todos sus argumentos es capaz de hacerme cambiar de idea-, y sólo se basa en una especie de corazonada, un pálpito, un presentimiento… algo que carece de base científica y es imposible demostrar empíricamente.

Y es –ya no me demoro más- una “seguridad” en que todos formamos parte de un plan que se podría llamar Superior o Divino.

Formamos parte de un designio, de un diseño Poderoso, en el que es necesaria la colaboración de todos los que estamos o han estado en el mundo –sí: de todos, sin excepción- para que todo esto tenga sentido en su conjunto alguna vez.

Me parece –no lo puedo certificar- que a veces nos toca hacer un papel incomprensible en este momento, y parece que el destino –o lo que sea- nos empuja para que suceda.

(Nota: Aclaro, por si acaso, que yo no creo que exista un destino determinista (Determinismo: Sistema filosófico que subordina las determinaciones de la voluntad humana a la voluntad divina) que sea inevitable, como si ya estuvieran previstas cada una de nuestras respiraciones y cada uno de los actos. Creo, eso sí, que hay una propuesta de destino que cada uno puede, si lo desea, cambiar o cumplir. Creo que hay algunas cosas que no son muy importantes, y podemos evitarlas, y otras cosas que sí lo son para nosotros, y “el destino” nos las va a poner delante todas las veces que haga falta hasta que las resolvamos.)


Por eso me parece que, a veces, nos toca hacer un papel que puede llegar a ser desagradable, pero que es útil para que otra persona reaccione, se cuestione algo, o se ponga en marcha y cumpla su destino.

Lo que sí he comprobado cuando me he visto en algún caso de estos es que no soy yo quien lleva el control. Que lo hago sin saber qué estoy haciendo. Que no interviene mi voluntad ni mis opiniones, porque en ocasiones me he descubierto a mí mismo diciendo cosas que iban claramente en contra de mis principios éticos y personales.

Lo aclaro para que nadie quiera aprovecharse y haga con mala intención y mala voluntad algo para después escudarse en que “soy un instrumento del destino”.

Para darle credibilidad o no a este escrito, tal vez sea bueno que reflexiones y recuerdes si alguna vez te ha tocado hacer algo similar a lo descrito.

¿Eres capaz de verlo ahora con otra mirada?

Y si te toca de algún modo lo leído… ¿Cómo te sientes formando parte de algo así?


(Ya te advertí que el escrito era muy caótico y no aclaraba nada)


Te dejo con tus reflexiones…

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